Magnifica y colosal película que marcó la historia del séptimo arte, una de esas obras titánicas con descomunal derroche de talento y dinero, pocas veces un film ha logrado 11 estatuillas de la Academia de Hollywood. Basada en la obra de Lew Wallance “Ben- hur, una historia de Cristo” 1885, un bestseller, supo conectar con el alma del pueblo estadounidense, tres años después de su publicación ya era el libro más vendido después de la Biblia.
El drama de Judá, Ben-Hur, príncipe judío que vive en la misma época que Jesucristo, narra la traición que sufre de manos de su mejor amigo, que movido por la codicia y la envidia no duda en acusar y entregar a su familia a las autoridades romanas y es desterrado y condenado a trabajar en las galeras romanas. Será el odio y la sed de venganza lo que le mantendrá vivo, cuando estos sentimientos se apoderan de una persona la mantienen en un estado de supervivencia por el afán de poder desprenderse de ellos y descargarlos en sus victimas y si no se logran curar acaban destruyendo a la propia persona. Solo hay una cura contra estos sentimientos, puesto que nos movemos en polaridades opuestas, el extremo contrario es el amor y el perdón, fáciles de pronunciar y difíciles de practicar. Nuestro protagonista que se cruza en su camino con el gran maestro de estas enseñanzas, lograra a través de su ejemplo, en su crucifixión y en su plegaria “Padre perdónalos por que no saben lo que hacen” encontrar su propia redención y salvación y cuando esto ocurre en lo más profundo de su corazón y logra desprenderse de ese odio, desaparecerán también los signos que como una metáfora se habían introducido en la obra, esa lepra que sufren su madre y su hermana como reflejo de ese horrible sentimiento que anidaba en su corazón.
La historia de Judá Ben-Hur, surgió de la pluma de un general retirado del ejercito de la Unión, Lew Wallance, un héroe de la guerra civil y que jamás había dado muestras de intensas convicciones religiosas, pero en un viaje a Nuevo México, Estado del que le habían nombrado gobernador, conoció a Robert Ingersoll, filosofo agnóstico, una de las principales figuras del libre pensamiento del siglo XIX en Estados Unidos, lo que le empujo a profunda religiosidad y tras cinco años de trabajo publico su obra, que en un principio se convirtió en obra de teatro, hasta que se vendieron los derechos al cine a la Goldwyn Company a cambio de una cantidad fija y de un porcentaje de los beneficios.





