Encantadora y dulce película, dirigida por el gran director Ernst Lubitsch. Inspirada en la obra “Parfumerie” del escritor húngaro Miklós László. La obra original se adaptó también al musical titulado She Loves Me. Nos muestra la aversión, el rechazo y la antipatía entre dos personalidades aparentemente opuestas y que coinciden en el mismo lugar de trabajo y que el destino les tendrá preparada una sorpresa, como el titulo nos indica.
La imagen y la forma de ser con la que nos mostramos al mundo muchas veces esconde la persona que realmente se encuentra en nuestro interior ¿Por qué no nos mostramos como realmente somos y sentimos, quizás porque tenemos miedo a ser vulnerables a que nos hieran o hagan daño. Pues la vulnerabilidad ahora es sinónimo de autenticidad y valor y es un símbolo de carisma y personalidad, ya han quedado desfasados aquellas formas de querer aparentar normalmente lo que uno no es, que lo único que muestra es de lo que uno carece. Nuestros protagonistas Alfred Kralik (James Stewart) y Klara Novak (Margaret Sullavan) se permiten ser ellos mismos a escondidas entre anónimas cartas que depositan en un apartado de correos, en una versión antigua de lo que serian las actuales apps de citas. No se conocen, no saben quienes son personalmente, aunque el destino les unirá trabajando en la misma tienda y entre ellos no existirá la más mínima atracción más bien se detestan el uno al otro. Han idealizado y se sienten atraídos por la persona que han conocido a través de las cartas que se han enviado entre ellos, donde se muestran como son realmente, muestran sus más intimo ser. Llegada la esperada cita las sorpresas se producirán, cuando uno de ellos descubre quien es la otra persona y no se atreve a presentarse, en ese momento intentará cambiar su perspectiva, los ojos con los que veía a esa persona y empieza a encontrar la delicadeza y ternura que esconde, su sensibilidad y su auténtica personalidad.
Muchas veces deberíamos cambiar la perspectiva con la que vemos a los otros, quizá aquello que nos desagrada del otro es lo que no nos gusta de nosotros mismos, parar y reflexionar y sobre todo aprender de ello y que nos sirva para descubrir aquello que deberíamos cambiar de nosotros mismos.





