Dirigida por Nicholas Ray y basada en una obra del mismo nombre de Robert M. Linder. Nos adentra en el universo de los jóvenes y sus más profundas frustraciones. Los tres protagonistas se sienten incomprendidos por su familia y su entorno y tratan de llamar la atención de la única manera que saben causando problemas.
Brillante y carismática la interpretación de James Dean, este sería su último papel, Jim Stark, un joven que aborrece el comportamiento y la actitud de sus padres hasta el punto de causarle una rabia contenida que no sabe como expresar y producirle un dolor en lo más profundo de sus entrañas y situación ante la cual intentará rebelarse. Necesita una figura paterna a la que admirar y respetar y se encuentra con un padre, un ser sumiso y arrastrado por el temperamento de las dos mujeres, su esposa y su suegra, que unidas harán de él un títere de opereta, una marioneta a la que manejan a su antojo sin percatarse el daño que con ello causan a Jim, quien intentará evadirse cargando contra el mundo y unos padres incapaces de afrontar y entender su forma de actuar, siempre intentando huir de ciudad en ciudad para escapar de los problemas que provoca, antes de afrontar cara a cara la causa de esa rebeldía, si es que hay alguna. Pide a gritos que le escuchen, que le den respuestas, que afronten los sucesos, que muestren valor, que no sean cobardes.
Jim debería de entender que sus padres que le quieren y quieren lo mejor para él, lo hacen de la mejor manera que saben, como a ellos les enseñaron y que él que tiene la inquietud de crecer y buscar otras respuestas y otras maneras de comportarse que lo haga, que lo intente, que crezca aunque sea solo, no tiene porque asumir las creencias o patrones de sus padres, es libre para crear los suyos propios, solo tiene que darse cuenta que cada individuo tiene la libertad de elegir como actuar y hacerse responsable de ello. Y no dejarse arrastrar por el grupo, será uno de los mayores retos que deberán afrontar como jóvenes, pues esa necesidad de identidad puede llevarles a cometer actos en contra de sus convicciones simplemente por agradar a los demás.





