Capitanes intrépidos. 1937 (Captains Courageous)

Pelicula basada en la novela del mismo nombre de Rudyard Kipling  y  dirigida por Victor Fleming, conto como actores principales Spencer Tracy en su papel de Manuel, por el obtuvo un Oscar al mejor actor principal, un feliz hombre del mar que disfruta de la vida haciendo lo que más le gusta pescar, cantar y componer canciones y que la vida le deparara encontrar en el mar alguien con el que compartir su estado de felicidad y bienestar y como surge una entrañable y magnifica relación entre ellos al que el llama en su inolvidable tonadilla “Ay mi pescadito…” ese niño que ve en él al padre que anhela.

 

Entrañable y magnifico film, en el que destacaría como punto de atención la casi generalizada falta de comunicación que muchas veces existe entre padres e hijos, en el caso de esta película debida a la ajetreada y ocupada vida del padre, Frank Burton Cheyne (Melvyn Douglas) un importante y rico hombre de negocios, que además tiene el doble papel de ejercer como padre y madre, puesto que su mujer ha fallecido y que colma de caprichos y dinero a su hijo Harvey Cheyne (Freddie Bartholomew)  intentando suplir de esta manera su falta de atención y dedicación.

Yo diría que no es necesario que se trate de ocupados hombres de negocios, sino que por desgracia, se trata de un mal generalizado en casi todo tipo de status sociales. No tendría que existir ninguna otra tarea más importante que la de estar y pasar tiempo con nuestros hijos puesto que tampoco existe mayor recompensa que la de disfrutar de su amor, su cariño y su confianza. Que hace que el ser humano se aparte de ese instinto natural de cuidar y disfrutar de la compañía de su ser más querido, la vorágine en la que nos encontramos envueltos, esa rueda de hámster de la que no podemos salir y que no nos deja ver más allá de lo que tenemos enfrente de nuestras propias narices, si pudiéramos ver más allá, quizás veríamos que más que bienes materiales y riqueza lo que anhela cualquier niño es que le dediquen tiempo, le escuchen, le cuenten historias fantásticas, le den respuestas a la mil y una preguntas que le pasan por su cabeza, alaben sus triunfos y le apoyen en sus intentos y fracasos, le hagan sentirse valioso y querido y de esta manera crecerá fuerte, valiente y podrá dar todo aquello que recibió, amor.

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