Laura

Una película con una personalidad misteriosa y extraña, un clásico del cine negro, una película inagotable que jamás deja de proponernos posibilidades, algo que solo las grandes obras maestras pueden conseguir, al frente de ella uno de los grandes directores de la historia del cine Otto Preminger y su sabiduría para dirigir actores. Basada en la novela “Ring Twice for Laura” de Vera Caspary una culta burguesa neoyorquina de clase alta y que tanto en la novela como en la película, plantea un conflicto criminal que en esencia es un sutil conflicto (psicosexual) entre dos clases sociales. Aunque los signos y símbolos que determinan ese enfrentamiento entre las clase alta neoyorquina y la clase trabajadora, son casi imperceptibles.

La película, al igual que la novela esta magníficamente pensada y estructurada como artefacto narrativo, envuelven al lector con una serie de recursos ágiles e innovadores y estructurada en dos partes, una primera, llena de misterio, recuerdos y nostalgia y una segunda parte donde los recuerdos cobran vida, todo ello crea una atmosfera envolvente, inquietante y misteriosa que la fotografía de la película se encarga de resaltar y por la que gano un Oscar, Joseph LaShelle, a la mejor fotografía en blanco 

 

La primera parte gira en torno a la protagonista que suponemos muerta, Laura Hunt (Gene Tierney) que no conocemos nunca de primera mano sino a través de lo que los demás personajes dicen de ella. La película sabe darle vida a través de ese recuerdo que hacen de Laura sus más allegados, su protector, mentor y amigo Waldo Lydecker (Clifton Webb), un cínico columnista social, él será el que nos relata en retrospectiva como conoció y se convirtió en mentor de Laura y como él se encargara de modelarla, de enseñarle a vestirse y ayudarla a introducirse en la alta sociedad a la que él pertenece y como acabo enamorándose de ella, también su novio o amante Shelby Carpenter (Vicent Price) un playboy del que Laura parece enamorarse, nos relata como iniciaron su relación y su querida ama de llaves que siente una absoluta veneración por ella, todos ellos dibujan un retrato de una mujer no solo bella físicamente, plasmado en ese cuadro suyo que preside el salón de su apartamento, sino también por dentro, cálida, amable, cariñosa, generosa, tal hermoso es dibujado ese ideal de mujer que el propio detective que intenta resolver el caso de su asesinato, Mark McPherson (Dana Andrews) se enamora de ella evocando su recuerdo. Cuanto de verdad  o mentira tiene el enamoramiento, creamos en nuestra mente una imagen de la persona amada que a veces puede o no coincidir con la realidad, pero nos aferramos a ella, es nuestro ideal, plasmado en el mundo real. Soñemos con ese ideal, imaginémoslo y hagámoslo realidad.

Es en la segunda parte, cuando ese ideal cobra vida, en la secuencia de la aparición de Laura Hunt, que irrumpe en el salón de su apartamento presidido por ese cuadro suyo (en realidad una fotografía de Gene Tierney barnizada de aceite, idea del director) y despierta al policía de su letargo que asiste alucinado a su “resurrección”, en una de las secuencias visualmente más elegantes y poderosas de la historia del cine, pero lo que sucede, es real o producto de un sueño de McPherson, y como fondo la sugerente e inolvidable melodía musical compuesta para la película por David Raksin (en estado melancólico al sufrir el anuncio de la separación de su esposa y enterarse por un telegrama).

 

 

 

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